jueves, 31 de mayo de 2012

Coleccionista de olores


Los veranos me han olido desde que era pequeño. Cada verano ha venido oliendo diferente y recuerdo con detalle la fragancia de cada uno de ellos como si los estuviera viviendo.

El primero y más antiguo que me viene a la memoria es el del 92.  Con 7 años, me tocó ver las olimpiadas en una televisión portátil  en blanco y negro con una pantalla de menos de cuatro pulgadas. En el apartamento donde veraneábamos mi familia y yo nos amenizábamos mezclando lecciones de Física y Química, de Sabina, con Bachatas de color de rosa, de Juan Luis Guerra. Ese verano olió a mar, más que nunca. Al vinagre que me friegaban para amortizar el empacho de sol y a lapas. Todavía había lapas y hasta yo me atrevía a llenar bolsas y esquivar accidentes resbalando por las rocas llenas de musgo con mis cangrejeras enfundadas como el peor pescador.

Luego vinieron veranos muy similares, en los que compartí olores con mis amigos en los cuales se mezclaba el olor del salitre de la playa a donde mi madre se empeñaba en ir , y el del cloro de la piscina que enseñó a nadar a mi generación. Recuerdo, no sin regañarme, el olor a esterilla mojada, a barquillos del color de las bachatas, con nombre tropical, a moras e higos que eran testigos y protagonistas de nuestros primeros hurtos y nuestras segundas manchas.

A partir de 1995, los veranos empezaron a dividirse por épocas ( o al menos yo me puedo acordar con más detalle de cada momento) En junio, el olor a sal dejaba el mar y manchaba las calles de mi pueblo, mezclándose con mastranto y palmas recién cortadas. Luego era el fuego el protagonista , el que ponía el punto de pólvora a las fiestas en las que el mayor de los actos era la cena inusual de Hamburguesa y el jugar al escondite  o al “ agarrar” esquivando parejas de bailantes.

Avanzaba el verano y el siguiente olor era a Eucalipto. Buda lo tenga en su gloria.

Agostó siempre pasó entre monotonía y despedidas. El olor a sal, siempre presente se llenaba de pipas de girasol y millo asado. Siempre olió a reencuentro y a 11 meses que contarse. A primeros besos y primeras cartas mezcladas con olor a lápices nuevos y a libros que revisar y estrenar.

Los olores de verano, allí donde  me criaron, se hacen más fuertes cada cinco años, tanto como para convertirse en patrón de tiempo y repetirse…

Con olor a coche nuevo, los veranos huelen diferente, o se mudan, o se descubren nuevos olores… La mar no bate igual, ni sabe lo mismo…. Y los veranos son el mar.

Por Euterpe, empecé a conocer el olor que tiene el momento anterior a que empiece algo esperado…A frutas rojas y velas verdes, a los new yores y las señoritas Dior…. A azules claros y pelos quemados… a cocodrilos. A guayaba con hielo y cañita…. A AMISTAD…a amor.

Si tengo que llevarle la contraria al calendario, el verano empieza, en mi cabeza el 1 de junio. No se a que olerá el que arranca hoy. Por lo pronto, solo estoy seguro de que de todos los olores que tendrá mi verano, habrá uno que ya conozca. Y es que, desde el momento en que quise saber tu nombre, mis veranos huelen a ti.

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